miércoles, enero 21, 2009

Uno crece



Imposible atravesar la vida ...
...sin que un trabajo salga mal hecho, sin que una amistad cause decepción, sin padecer algún quebranto de salud, sin que un amor nos abandone, sin que nadie de la familia fallezca, sin equivocarse en un negocio.
Ese es el costo de vivir.
Sin embargo lo importante no es lo que suceda, sino, como se reacciona.
Si te pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes, vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar.
Uno crece...
Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe.
Uno crece cuando acepta la realidad y tiene aplomo de vivirla.
Cuando acepta su destino, pero tiene la voluntad de trabajar para cambiarlo.
Uno crece asimilando lo que deja por detrás, construyendo lo que tiene por delante y proyectando lo que puede ser el porvenir.
Crece cuando supera, se valora, y sabe dar frutos.
Uno crece cuando abre camino dejando huellas, asimila experiencias... ¡Y siembra raíces!
Uno crece cuando se impone metas, sin importarle comentarios negativos, ni prejuicios, cuando da ejemplos sin importarle burlas, ni desdenes, cuando cumple con su labor.
Uno crece cuando se es fuerte por carácter, sostenido por formación, sensible por temperamento...¡Y humano por nacimiento!..
Uno crece cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas.
Recoge flores aunque tengan espinas y marca camino aunque se levante el polvo.
Uno crece cuando se es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones, capaz de perfumarse, con residuos de flores...
¡Y de encenderse con residuos de amor...!
Uno crece ayudando a sus semejantes, conociéndose a sí mismo y dándole a la vida más de lo que recibe.
Uno crece cuando se planta para no retroceder...
Cuando se defiende como águila para no dejar de volar...
Cuando se clava como ancla y se ilumina como estrella.
Entonces...
Uno Crece


Susana Carizza

martes, enero 20, 2009

Cerrando etapas

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida.

Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto.
Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, cómo quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿se acabó tu relación?, ¿ya no vives en esa casa?, ¿debes marcharte de viaje?, ¿la amistad se acabó?
Puedes pasar mucho tiempo de tu presente “revolcándote” en los porqués, en rebobinar el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cuál hecho.

El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tus amigos, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados a ir cerrando capítulos, ir pasando la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado.

Ni siquiera preguntándonos por qué.

Lo que sucedió, sucedió; y hay que soltarlo, hay que desprenderse de ello.

No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.
¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!

Por eso, a veces, es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.

Dejar ir, soltar, desprenderse.

En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar.

Hay que dejar ir, hay que girar la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente.

El pasado ya pasó.
No esperes que te devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú.

Suelta el resentimiento.

Si enciendes “tu televisor personal” para darle vueltas al asunto, lo único que conseguirás es dañarte mentalmente, envenenarte, y amargarte.
La vida está hacia adelante, nunca hacia atrás.

Si andas por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción y libertad.

Noviazgos o amistades que no se clausuran, posibilidades de “regresar”, ¿a qué?, necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que nos invadieron.

¡Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo!, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven.
Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año.

Por lo tanto, no hay nada a qué volver.
Cierra la puerta, pasa la hoja, cierra el círculo.

Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.
Desprenderte de lo que ya no está en tu vida es salud mental, amor por ti mismo.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable.

Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir, porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es un hábito vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es hábito, apego, necesidad.
Pero… cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suelta.

Hay muchas palabras para expresar esa salud mental, y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir adelante con tranquilidad.
¡Eso es la vida!


Paulo Coelho

domingo, enero 18, 2009